martes, 29 de diciembre de 2009
ARISTÓTELES DE ESTAGIRA
ARISTÓTELES nació en Estagira de Tra¬cia en el 384 ó 383 a.C. Su padre, Ni¬cómaco, era médi¬co de la corte de os reyes de Mace¬donia. A los 17 años fue enviado a
Atenas a estudiar en la Academia de PLATÓN, donde permaneció hasta la muerte de éste.
En el 347 a.C., al morir PLATÓN, ARISTÓTELES abandonó Atenas, según algunos por desacuerdos con Es¬peusipo -sobrino de PLATÓN-, que se quedó al frente de la Academia y acentuó los rasgos pitagóricos de la misma. Viajó primero a Assos de Tróade, donde se casó con Pythia, sobrina e hija adoptiva del tirano-fi¬lósofo HERMIAS, también discípulo de la Academia. Unos años después pasó a Mitilene en la isla de Lesbos. En ambas ciudades fundó su escuela con una clara orientación empírica. Éste es un periodo interesante para su producción científica y filosófica, por sus investigaciones biológicas.
En 336 a.C., ARISTÓTELES marchó a Estagira -su ciudad natal- donde ac¬tuó como legislador, y un año des¬pués a Atenas donde fundó una nue¬va escuela, el Liceo (que recibió este nombre por su proximidad a un tem¬plo de Apolo Licio), conocida tam¬bién con el nombre de PERIPATO (del griego "perípatos", que significa 'pa¬seo'), pues sus miembros discutían paseando por una galería cubierta.
El Liceo era todavía más parecido a una universidad tal como las conoce¬mos hoy que la Academia platónica. Tenía una biblioteca y un cuadro de profesores que impartían clases con regularidad y se dedicaban al estu¬dio e investigación. Contaba con el apoyo económico de Macedonia, ya que es la época de la dominación macedónica en Grecia.
Aristóteles fue maestro de ALEJANDRO MAGNO. Al morir este en el 323 a.C., se produce una reacción contra el dominio de Macedonia. ARISTÓTELES es acusado de "impiedad", sospechoso de colaboración con el poder macedónico.
Huyó de Atenas a Calcis, en la isla de Eubea, donde tenía una propie¬dad heredada de su madre, "para que así los atenienses no pecaran por segunda vez contra la filosofía", según cuentan que dijo recordando la muerte de SÓCRATES.
Allí murió a los 62 años de edad, no sin antes haber conocido una nueva derrota de Atenas frente a Macedonia.
FILOSOFÍA ARISTOTÉLICA
ARISTÓTELES, en su filosofía, parte del Platonismo, aunque pronto empezará a marcar distancias con respecto a éste, para terminar adoptando una postura crítica frente a la filosofía de PLATÓN.
Su desacuerdo con PLATÓN afecta, en primer lugar, a la teoría de las Ideas, pues considera que las cosas individuales –que son sólo reflejo del mundo de las Ideas– constituyen la verdadera rea¬lidad. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, a la teoría platónica del conocimiento, pues admite la validez del cono¬cimiento sensible como punto de partida de todo conocimiento.
ARISTÓTELES coincide en muchos temas con PLATÓN: la organiza¬ción del saber, la realidad física, el hombre en sus aspectos indivi¬dual y social, las cuestiones éticas y políticas, el problema del co¬nocimiento. Pero siempre los trata desde una perspectiva diferen¬te.
El cambio de perspectiva se debe, en gran medida, a la influen¬cia que tuvieron en su sistema los estudios del mundo animal –biología– llevados a cabo mediante investigaciones de tipo empí¬rico, sistematizadas en los escritos de historia natural. Según PLATÓN, estos estudios habrían pertenecido a la esfera de la opi¬nión y no a la de la ciencia.
La orientación empírica de ARISTÓTELES se manifiesta tam¬bién en el terreno de la investigación política, como lo muestra la recopilación que realizó de 158 constituciones de Estados de su tiempo, con la finalidad de elaborar una teoría política.
La importancia concedida a este tipo de investigaciones presu¬pone el rechazo de la Dialéctica platónica como grado supremo de conocimiento y ciencia de la "verdadera realidad", sustituyéndola por un nuevo instrumento de conocimiento que es la lógica.
La clasificación de las ciencias
ARISTÓTELES, a diferencia de PLATÓN, entiende la universalidad de la ciencia como el resultado de la conjunción de todos los sabe¬res. El saber está articulado en diversas ciencias particulares y autónomas. El conjunto de todas ellas constituye la ciencia: el co¬nocimiento de todos los aspectos de la realidad.
Partiendo de que la ciencia abarca la totalidad de lo que hay, la necesidad de clasificar tan diversos objetos da lugar a la aparición de las diversas ramas de la ciencia o ciencias particulares.
En función de este criterio, ARISTÓTELES establece tres grupos de ciencias:
- Teoréticas o especulativas, que tienen por objeto alcanzar el conocimiento teórico de la realidad: la física o filosofía se¬gunda; la matemática, y la filosofía primera o teología (que más adelante recibirá el nombre de metafísica),
- Prácticas, que se ocupan de la acción humana individual o social en cuanto se dirige a conseguir algún fin. Son la ética y la política,
- Poéticas, que se ocupan de la producción de cosas y son las distintas artes, como la poética o la retórica.
ARISTÓTELES, que rechaza la dialéctica platónica como método de acceso al saber y es consciente de la necesidad de un instrumen¬to para el trabajo intelectual, funda la lógica como instrumento al servicio de todas las ciencias. Distingue dos clases de lógica:
- La lógica formal, técnica que se ocupa de las leyes y reglas del razonamiento, en particular del silogismo.
- La lógica material, entendida como medio de acceso a la realidad misma. En ella se ocupa de los problemas de la definición y la demostración.
FILOSOFÍA PRIMERA O METAFÍSICA
De entre todas las ciencias, la filosofía primera (o teología, o metafísica) es para ARISTÓTELES la ciencia de las ciencias. Si cada ciencia particular se ocupa de estudiar una parcela del reino del ser, la filosofía primera estudia el ser en cuanto tal, es decir, los aspec¬tos del ser que son comunes a todos los seres. Es una teoría de las causas y principios del ser, de lo que hace que las cosas sean.
El concepto de ser
ARISTÓTELES, a diferencia de PARMÉNIDES y PLATÓN, admite que lo que nace y muere puede recibir el nombre de "ser". Esto se debe a que no entiende el ser como un concepto unívoco, que tiene como opuesto el "no-ser", sin más. No es tampoco un concepto equívoco, que tenga significados diferentes, sino un concepto análogo, que se puede aplicar con ciertos matices a las distintas cosas que en¬contramos en el universo, porque, aunque de modo diferente, to¬das las cosas "son".
Sustancia y accidente
Para ARISTÓTELES hay, pues, distintos modos de ser. Así como pa¬ra PLATÓN eran las ideas las que constituían la verdadera reali¬dad, para ARISTÓTELES lo realmente existente son los seres singu¬lares (entelequias o sustancias). Así, todo lo que existe es o sus¬tancia o cosas que afectan a la sustancia, los accidentes.
Para hacer este análisis parte del modelo de la proposición lin¬güística: 'S es P'. El sujeto se corresponde con la sustancia mien¬tras que el predicado, lo que se dice del sujeto, corresponde a los accidentes. Ambos conceptos son descritos y definidos por ARISTÓ¬TELES de diversas maneras:
Entiende, en primer, lugar por sustancia aquello que existe en sí y no en otro. Cumplen esta condición los cuerpos sim¬ples (tierra, agua, aire y fuego) y los compuestos de éstos. También llama sustancia ARISTÓTELES a la esencia de cada cosa, que es lo que se expresa en su definición.
La noción de accidente es correlativa a la de sustancia: aquello que existe en la sustancia.
La necesidad que tienen los accidentes de "darse" en una sustancia impide que puedan existir separados. Aunque aportan determinados aspectos a la sustancia, su desapari¬ción no modifica esencialmente la cosa individual.
Esta distinción entre sustancia y accidente va a permitir al fi¬lósofo explicar el problema del cambio y el movimiento en los seres.
Ser en acto y ser en potencia
Aristóteles distingue entre ser en acto y ser en potencia:
- Ser en acto (energía, entelequia) significa para él lo que un ser es de hecho, aquí y ahora. Por ejemplo, este árbol es un ser en acto.
- Ser en potencia (dynamis) significa la capacidad de llegar a ser algo que todavía no se es, pero que se puede ser. Por ejemplo, una semilla es un árbol en potencia.
Con este modo de "ser potencial" salva la dificultad parmení¬dea: el ser en acto no procede del no-ser, sino del ser en potencia. De acuerdo con PARMÉNIDES en que del no-ser no se hace nada, ARISTÓTELES va más allá al afirmar que hay un modo de ser inter¬medio que es el ser en potencia. Esto le permite explicar el movi¬miento como el paso del ser en potencia al ser en acto.
Así, por ejemplo, un bloque de mármol no es, evidentemente, una estatua, pero podría llegar a serlo si un escultor se lo propu¬siera. Luego podemos afirmar que el tal bloque de mármol, aún no siendo una estatua en acto, lo es en potencia, puesto que existe la posibilidad de que adquiera dicha forma. De este modo, el cambio es posible y consiste en la realización o actualización de aque¬llo que existe en potencia.
LA EXPLICACIÓN DE LA NATURALEZA
Para ARISTÓTELES, la naturaleza comprende todos los seres na¬turales dotados de movimiento. Su explicación la desarrolla en la física, ciencia especulativa que tiene por objeto el estudio de las realidades sometidas al cambio y que se diferencia de las matemá¬ticas en que éstas se ocupan de entes abstractos sin existencia real y carentes de movimiento.
ARISTÓTELES aborda el estudio de la naturaleza examinando las causas que producen cualquier hecho o fenómeno. De ahí la importancia del concepto de causa, que ARISTÓTELES explica en los libros primero y quinto de su Metafísica.
EL CONCEPTO DE CAUSA
ARISTÓTELES llama causa al principio del cual algo procede. To¬mando como modelo el proceso de producción humana, entiende que para explicar todo lo existente es necesario recurrir a cuatro causas o principios:
Causa material: aquello de lo que algo está hecho.
Causa formal: aquello que hace que una cosa sea tal cosa y no otra. Es la esencia o forma.
Causa eficiente: es el agente o productor de la cosa.
Causa final: aquello que mueve al agente a actuar, el fin por el que se hace algo.
La concurrencia de estas cuatro causas es necesaria para que se dé un ser cualquiera, aunque las dos principales y básicas en la constitución de un ser son la material y la formal.
Además, entre estas dos, la causa formal tiene un especial re¬lieve, ya que es la que determina lo que una cosa es, y, por otra parte, permite definirla. En este sentido recibe el nombre de "esencia" y determina las actividades propias y específicas del ser. En cierto modo, estas "formas" aristotélicas recuerdan las "Ideas" de PLATÓN, con la diferencia de que éstas pueden existir por sí mismas, separadas de las cosas a las que sirven de modelos, mien¬tras que, para ARISTÓTELES, la forma sólo se da junto con la mate¬ria formando seres concretos e individuales, como piedras, árbo¬les, casas o seres humanos.
LA TEORÍA HILEMÓRFICA
Tanta importancia tienen estas dos causas en la explicación de los seres, que, a partir de ellas, ARISTÓTELES elabora su teoría funda¬mental del ser o hilemorfismo –que deriva del griego hilé que significa 'materia' y morfé, 'forma'–. Según esta teoría, todos los seres están compuestos de materia (hilé) y forma (morfé). Mate¬ria y forma no son propiamente realidades separadas, sino aspec¬tos que nuestra mente es capaz de distinguir en las cosas.
La materia y la forma son, pues, las causas o principios de las sustancias naturales y, en este sentido, tanto la materia como la forma serían "naturaleza", aunque ARISTÓTELES diga que la for¬ma es más naturaleza que la materia. La razón de esta superiori¬dad es que la materia es pura pasividad, mera capacidad de reci¬bir formas, poder ser algo y, en cuanto tal, es "potencia". La for¬ma, por el contrario, nos muestra lo que la cosa es en un momento dado, lo que actualmente es, lo que es en "acto".
Es la composición "hilemórfica" de los seres la que permite a ARISTÓTELES explicar el cambio y conciliar lo permanente y lo cambiante, la unidad y la multiplicidad de los seres.
ARISTÓTELES sostiene que la imposibilidad que tuvieron los primeros filósofos de explicar el nacer y el perecer en la naturale¬za se debió a que recurrieron a un solo tipo de causa. Así, TALES al hablar del agua o ANAXÍMENES, del aire, reducían lo existente a un principio material; EMPÉDOCLES recurrió a una causa eficiente (amor y odio); los PITAGÓRICOS y PLATÓN a la causa formal (los números y las Ideas, respectivamente), y ANAXÁGORAS, al pregun¬tarse por el plan según el cual el "nous" pone en movimiento la mezcla total, parece que se interesó por la causa final.
También es relevante, en la teoría aristotélica, el papel que juega la causa final en la explicación de la naturaleza. Ésta es concebida como teleológica o finalista: para ARISTÓTELES, todo ser se dirige o tiende a la realización de su propio fin. Doc. 5
Finalmente, cabe señalar que en los cambios que experimentan los seres naturales, tres de las cuatro causas coinciden; a saber, la formal, la eficiente y la final, dado que el agente del cambio es el pro¬pio ser cuyo fin es alcanzar su forma perfecta, es decir, su entelequia.
EL UNIVERSO SEGÚN ARISTÓTELES
En su obra Sobre el cielo, ARISTÓTELES expone las características del universo (cosmos), en el que distingue dos regiones diferencia¬das: el mundo sublunar, sometido al cambio y, por lo tanto, a la corrupción y formado por los cuatro elementos, fuego, agua, tierra y aire, y el mundo supralunar, perfecto, sin corrupción posible, y formado por una sustancia, éter o primer cuerpo, a la que los es¬colásticos llamarán quintaesencia.
Este universo es único, esférico, perfecto, finito en el espacio, pero no en el tiempo. Cada una de sus regiones tiene sus propias leyes, siendo distintas las del mundo sublunar, imperfectas, regi¬das por movimientos violentos, y las del supralunar, perfectas de acuerdo con el movimiento circular.
Este movimiento circular es, dentro del movimiento local, el único continuo. Pero como todo cambio requiere, para iniciarse, un principio o causa que lo produzca, hay que admitir la existencia de una primera causa o primer motor.
El movimiento de las esferas celestes, y con él el de todo el uni¬verso, se origina en un primer motor, que no es movido por ningún otro y que, por tanto, es inmóvil. Al no depender de ningún otro ser, este "primer motor inmóvil" es eterno, necesario, está separado de las cosas sensibles, carece de partes y es indivisible e inalterable.
Estas tesis, que se mantendrán durante toda la Edad Media, aunque haya que conciliarlas con la idea cristiana de creación, se¬rán objeto de discusión y rechazo cuando GALILEO establezca que la física celeste y la terrestre son idénticas.
ANTROPOLOGÍA ARISTOTÉLICA
El ser humano es para ARISTÓTELES un ser natural más, hasta el punto de que en su explicación también utiliza la teoría hilemórfi¬ca: el ser humano es un compuesto de materia y forma. La mate¬ria se identifica con el cuerpo y la forma con el alma.
Pero ARISTÓTELES entiende el alma como un principio de vida y como tal no es exclusiva del ser humano, sino atributo de la na¬turaleza animada. La teoría aristotélica del alma representa así una especie de animismo biológico, ya que reconoce, en todos los niveles de vida, unos principios vitales distintos a los cuerpos, que son las almas.
ARISTÓTELES distingue tres tipos de alma, que dirigen, respecti¬vamente, las actividades vegetativas, sensitivas e intelectivas en los seres vivos. Esta diferenciación de almas le permitirá explicar la escala de los seres vivos, ya que no todos poseen las tres almas. Considera que las dos primeras (vegetativa y sensitiva) están uni¬das necesariamente al cuerpo, mientras que el alma intelectiva es separable del cuerpo y, por ello, inmortal.
Los diferentes tipos de almas forman, pues, una serie tal que el tipo superior presupone siempre el inferior, pero no a la inversa. La forma inferior es el alma nutritiva o vegetativa, que ejerce las funciones de asimilación y reproducción. Es propia de las plan¬tas, mientras que, en los demás seres vivos, sus funciones están asumidas por los otros tipos de alma.
Los animales poseen alma sensitiva, que les permite tener percepción sensible, deseo, movimiento local y, en muchos casos, imaginación y memoria.
El grado superior en la escala lo ocupa el alma intelectiva, que a veces ARISTÓTELES llama entendimiento. Esta asume las funcio¬nes vegetativas y sensitivas, y además hace posible el pensamiento científico o conocimiento teórico, que busca la verdad en sí, y el pen¬samiento práctico, conocimiento que busca la verdad con miras al comportamiento práctico. De ahí que la actividad específica del ser humano sea la actividad racional y que sólo le sea dado alcanzar la felicidad por medio de una vida dedicada al cultivo de la razón.
ARISTÓTELES mantiene la concepción platónica del hombre co¬mo compuesto de alma y cuerpo. Pero en su explicación de la rela¬ción entre estos dos elementos difiere del maestro, ya que al apli¬car la teoría hilemórfica al hombre lo presenta como una unidad sustancial, un ser individual. El cuerpo y el alma son los princi¬pios o causas del ser humano: el alma se comporta como la forma y acto del cuerpo y éste es el elemento material y potencia.
RESPONDE:
1. ¿Cómo aplica ARISTÓTELES la teoría hi¬lemórfica al ser humano?
2. ¿Cuántos tipos de alma distingue ARISTÓTELES? ¿Cómo los denomina? ¿Cuáles son sus funciones?
3. ¿Qué diferencia a los animales de las plantas? ¿Y a los humanos de los ani¬males?
4. ¿Se puede hablar de inmortalidad del alma en la concepción aristotélica? ¿Por qué?
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO
Para ARISTÓTELES, todos los seres vivos tienen algún tipo de cono¬cimiento de acuerdo con las funciones propias de cada uno de ellos. Distingue, así, varios niveles que van desde el mero conoci¬miento sensorial hasta el conocimiento intelectual.
Sin embargo, lo que realmente le interesa es responder a la cuestión de cuál es el modelo de conocimiento que permite la in¬vestigación científica, que es la actividad más característica del ser humano.
ARISTÓTELES recoge la herencia intelectualista de SÓCRATES y PLATÓN, que destacan la superioridad del conocimiento intelectual sobre el sensible. Pero a diferencia de PLATÓN, para quien éste úl¬timo es sólo un recuerdo de la realidad contemplada por el alma en su recorrido por el mundo de las Ideas, ARISTÓTELES parte de los datos que le proporcionan los sentidos.
Para él, la experiencia, el contacto con la realidad, es el pun¬to de partida de todo conocimiento. Descarta la preexistencia del alma y, por consiguiente, la posibilidad de que ésta haya contem¬plado lo que es. De aquí el alto valor que da a los sentidos. De ellos parte el conocimiento frente a PLATÓN, para quien son sólo instru¬mentos que abren la puerta del recuerdo.
CONOCIMIENTO SENSIBLE
El conocimiento sensible es el primer nivel de conocimiento que distingue ARISTÓTELES. Se da también en los animales. Es el nivel más elemental de conocimiento y su fundamento es la sensación.
La sensación es el ejercicio de la facultad sensible que permi¬te captar las cualidades de los objetos.
Este ejercicio se lleva a cabo a través de los sentidos. ARISTÓTELES distingue entre sentidos propios, especializados en un tipo de sensación: vista, oído, olfato, gusto y tacto, y un sentido común que subyace a todos los sentidos y permite realizar determinadas operaciones como captar tamaños, figuras, movimientos, etc.
ARISTÓTELES afirma que, en el ser humano, este "sentido co¬mún" permite coordinar a los demás sentidos y recibir los sensi¬bles comunes. El sentido común realiza una función unificadora, compara los diversos datos y los integra y conserva en forma de imágenes relacionadas con la memoria.
La imaginación juega un importante papel en el conocimiento humano, pues al posibilitar la reproducción mental de objetos per¬cibidos anteriormente en ausencia de los mismos permite, según ARISTÓTELES, el trabajo del entendimiento o capacidad de pensar y juzgar. Esta actividad se ve reforzada por la memoria, que per¬mite acumular y actualizar imágenes pasadas.
CONOCIMIENTO INTELECTUAL
El grado superior del conocimiento es el conocimiento intelec¬tual. Es una forma de conocimiento privativa de los seres humanos. Es llevado a cabo por el entendimiento, facultad discursiva, que opera desarrollando razonamientos y hace posible la ciencia.
Esta facultad permite establecer hipótesis y emitir juicios. Pa¬ra ello se apoya en las imágenes almacenadas, que, a su vez, pro¬vienen de sensaciones previas. De esta forma, la imaginación se convierte en intermediaria entre la sensación y el pensamiento, haciendo posible la opinión, la ciencia y la intelección.*
La ciencia, que siempre es verdadera, se establece por demos¬tración y tiene por objeto conocer el universal o concepto de las cosas, que el entendimiento agente obtiene por abstracción.**
Sin embargo, alcanzar los primeros principios no es tarea de la capacidad discursiva del entendimiento sino de la intuición inte¬lectual, que es infalible porque capta su evidencia.
EL PROBLEMA DEL ENTENDIMIENTO AGENTE
ARISTÓTELES distingue dos clases de entendimiento: uno activo, el "entendimiento agente" y otro pasivo, el "entendimiento paciente". Sobre el entendimiento paciente dice que hay que suponer que es como una tablilla en la que nada hay escrito hasta que el entendi¬miento agente "escribe" los inteligibles o conceptos universales de las cosas. Éste es el entendimiento que nos hace seres pensantes.
Pero, ¿cómo obtiene el entendimiento agente los conceptos universales que escribirá en el entendimiento paciente? A través de la abstracción, que es la capacidad que tiene el intelecto agente de separar o poner aparte las características o propiedades comunes a varios objetos, de tal forma que encuentra aquello que es “universal”, común a todos los sujetos de una misma especie. Esta idea universal es la que el intelecto agente escribe en el intelecto paciente, y es la que permite que, al encontrarse la persona con otros objetos de la misma especie que el primero, los reconozca como esencialmente iguales. Por ejemplo, la idea universal de “silla”, que puede ser aplicada a muchos objetos, cuyos accidentes sean distintos (color, tamaño, diseño) pero que, al fin y al cabo, se pueden reconocer como una silla.
ÉTICA Y POLÍTICA
Ética y política son, para ARISTÓTELES, aspectos inseparables de una misma realidad. Suponer lo contrario sería admitir que la vir¬tud y la felicidad de los individuos son posibles al margen de la vi¬da de la "polis" de la que el hombre, como animal político que es, forma parte por exigencia de su propia naturaleza.
De acuerdo con la clasificación de las ciencias que hace ARISTÓ¬TELES, ética y política son las dos ciencias prácticas que se ocu¬pan de las acciones humanas. En la ética parte del análisis de la naturaleza humana y en la política, del análisis de regímenes po¬líticos concretos.
La ética se ocupa de las acciones humanas en cuanto que condu¬cen al bien del hombre. Para determinar cuál es este bien, ARISTÓ¬TELES parte de la consideración del hombre como ser natural. To¬do ser natural se dirige a algún fin. Este fin consiste en la auto¬rrealización, por lo que puede ser definido como bien o perfección.
Sin embargo, frente a lo que ocurre en la naturaleza, en la vida social hablamos dé diversos fines de las acciones, los cuales se sub¬ordinan unos a otros. La discusión se establece entonces en torno a cuál sea el fin o el bien al que deban subordinarse los demás.
LA FELICIDAD COMO FIN DE TODAS LAS ACCIONES
Será preciso conocer en qué consiste el "bien" del hombre y cómo puede alcanzarse. Todos están de acuerdo en que el "bien supre¬mo" para el hombre es la felicidad. Ella es fin en sí misma y a lo¬grarla se encaminan todas las acciones del ser humano.
Lo que ya no es tan fácil es determinar qué sea la felicidad. Los hombres conciben la vida feliz de tres maneras distintas en fun¬ción de los bienes que se pueden desear: bienes externos (honores, fama, riqueza...), bienes del cuerpo (placeres) y bienes del alma (conocer las cosas bellas).
De entre las posibles actividades, ARISTÓTELES señala que es únicamente la actividad teorética o contemplativa la que puede deparar una vida feliz, porque es la única que se compagina con la naturaleza racional del ser humano. Ella es el más perfecto ejercicio de la más perfecta facultad humana.
Es cierto que esta felicidad constituye un ideal y como tal supe¬ra la finitud humana y crea una tensión en el deseo de inmortali¬dad. Por eso se conforma con una felicidad limitada, que necesita de ciertas condiciones (salud, bienes económicos, placer...) y, sobre todo, de la virtud para encauzar la parte irracional del alma.
LA TEORÍA DE LA VIRTUD
La virtud es la estrategia para conseguir la felicidad. Virtud y fe¬licidad aparecen así claramente relacionadas. ARISTÓTELES en¬tiende que hay dos tipos de virtudes: las dianoéticas, que se re¬fieren al entendimiento (el arte, el saber, la sabiduría práctica, la sabiduría teórica y la inteligencia) y las propiamente éticas, que van encaminadas a dirigir las acciones humanas (la valentía, el dominio de sí, la liberalidad, la magnanimidad, la mansedumbre, la veracidad, la amistad, la justicia, entre otras).
Al analizar qué sea la virtud ética, afirma que tiene que ser una de las cosas que afectan al alma: pasión*, facultad** o hábito. Según ARISTÓTELES, la virtud no puede ser ni una pasión ni una facultad, porque ni una ni otra hacen al hombre bueno o malo. Queda, pues, que sea un hábito. Por hábito entiende ARISTÓTE¬LES un modo de comportarnos bien o mal respecto de las pasiones y sólo en virtud de ello se nos llama buenos o malos.
Para definir la "virtud ética", ARISTÓTELES considera necesario explicar primero la noción de término medio. El término medio puede entenderse de dos maneras:
En relación con la cosa, como el punto equidistante entre dos extremos, es decir, la media aritmética.
En relación con el sujeto de la acción, como el punto de equi¬librio entre el exceso y el defecto en todas las acciones. És¬te no es el mismo para todos, sino que varía con cada indivi¬duo y depende de las condiciones, necesidades y capacidades de cada uno.
Este segundo sentido es el que toma ARISTÓTELES para definir la virtud como: "un hábito selectivo que consiste en un término me¬dio relativo a nosotros, determinado por la razón y según el uso que de ella haría el hombre prudente". La virtud es, pues, el térmi¬no medio entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto. Por ejemplo, la valentía es la virtud cuyos extremos viciosos serí¬an la temeridad y la cobardía.
LA FELICIDAD COMO AUTARQUÍA
Definida la virtud como un hábito, ARISTÓTELES definirá también la vida feliz como aquella que es conforme a la virtud.
Aunque ARISTÓTELES habla de diversos ideales de felicidad en relación con distintas formas de vida, considera la "autarquía" -capacidad de bastarse a sí mismo– como piedra de toque de la fe¬licidad. Feliz, en último término, sería aquel que como un dios "no necesita de nada ni de nadie".
El sentido práctico que inspira la ética aristotélica, sin embar¬go, no impide que, siguiendo las huellas de PLATÓN, postule el ide¬al del sabio consagrado a la actividad teorética (lo más elevado y "divino" que hay en el ser humano) como forma suprema de felici¬dad.
Si ARISTÓTELES afirma que la felicidad consiste en la actividad contemplativa, es porque esta actividad más que ninguna otra se ejerce de forma autárquica. Esta forma de felicidad constituye un ideal, pero mientras no alcancemos esta perfección o para quienes no sea posible alcanzarla, no son despreciables niveles interme¬dios de perfección o de felicidad que incluyen ciertos bienes exte¬riores, salud, placer con moderación, etc.
Además, aunque la situación ideal de la vida del hombre a la que apunta ARISTÓTELES haría de él un ser más que humano y, por lo mismo, autárquico hasta el punto de no necesitar vivir en sociedad, sin embargo el hombre en cuanto ser natural es un "ani¬mal político", es decir, social por naturaleza. Esto hace que la feli¬cidad humana sólo sea alcanzable en la ciudad.
LA TEORÍA POLÍTICA
ARISTÓTELES, fiel al modelo empírico que caracteriza su forma de investigación, parte, en la elaboración de su teoría política, de un riguroso análisis de 158 Constituciones escritas que recogían otras tantas formas de organización política concretas. A partir de ahí, tratará de encontrar soluciones a los problemas planteados en la "polis" griega, dejándose inspirar, más allá de toda idealización al estilo platónico, por un espíritu fundamentalmente realista y pragmático.
Considera el hecho de vivir en sociedad como algo connatural al hombre, subrayando la primacía de la "polis" –el marco de la convivencia política– por encima de otras formas de relación so¬cial, como la aldea o la familia. Doc. 13
Una gran parte de su obra La Política la dedica ARISTÓTELES a investigar el concepto de ciudadano y las condiciones y virtudes que exige ser ciudadano, y, sobre todo, a responder a la pregunta de cuál sea el régimen político mejor. Pues considera que lo que justifica moralmente una forma de organización política es que sirva al "bien común".
LA CIUDAD Y LOS CIUDADANOS
Para ARISTÓTELES, la forma natural de agrupación humana viene determinada en función de la capacidad para satisfacer las necesi¬dades de los hombres.
La "casa" es la comunidad primitiva que hace posible cubrir las necesidades básicas y cotidianas del hombre. Esta "casa" es lo que nosotros entendemos por "familia" en sentido amplio, ya que entre sus miembros se encuentran familiares con vínculos de sangre, pe¬ro también esclavos, es decir, la constituyen todos aquellos que vi¬ven juntos y forman en este sentido una unidad económica básica.
Pero sólo en la "ciudad" entendida en el sentido de la ciudad-Estado griega puede el hombre desarrollarse plenamente. Por eso, para ARISTÓTELES, el Estado es también una comunidad natural, en contra de la opinión de algunos sofistas que lo consideraban una creación convencional. El Estado es un todo del que el indivi¬duo, la familia y la aldea son sólo parte.
En su análisis de las relaciones sociales, pagará, sin embargo, un alto tributo a la mentalidad dominante de su época al justificar como algo exigido por la naturaleza la existencia de la esclavitud, aunque reconozca casos de esclavitud que son fruto de la violencia y admita que hay quien tiene alma de libre y cuerpo de esclavo o viceversa.
Porque lo que le preocupa determinar de esta institución natu¬ral es qué es lo que convierte un hombre en miembro de pleno de¬recho de la ciudad, es decir, en ciudadano: no se es ciudadano por habitar en un sitio determinado, dice ARISTÓTELES, pues los ex¬tranjeros y los esclavos también residen en la ciudad y no son ciu¬dadanos, ni tampoco por disfrutar de ciertos derechos. Ciudadano solamente es aquel que participa en la administración de la justi¬cia y en el gobierno de la ciudad. Esta participación del ciudadano en la administración de la justicia y en el gobierno está encamina¬da a alcanzar el fin propio de la ciudad, que es el bien común de los ciudadanos.
LOS REGÍMENES POLÍTICOS
ARISTÓTELES presupone que hay diversas formas de organizar la ciudad, las cuales pueden tener como objetivo conseguir el "bien común", y que todas ellas son rectas si cumplen esta función. Lo que descalifica a un régimen político desde el punto de vista ético es que no ejerza el poder en función del bien común. Para ARISTÓ¬TELES, todos los regímenes que se proponen el bien común son rec¬tos desde el punto de vista de la justicia absoluta, y los que sólo tienen en cuenta el beneficio de los gobernantes son defectuosos. Todos ellos son desviaciones de los regímenes rectos.
Considera que la existencia real de diversos regímenes políti¬cos depende de la organización social y económica de cada Estado. Según sea ésta, será diferente el régimen político que convenga al grupo social dominante.
La forma de gobierno ideal para ARISTÓTELES es una mezcla de "aristocracia" y "democracia", porque evita los extremos. En ella, los derechos políticos pertenecen a las capas de población libres, de situación económica media. Le da el nombre de politeia (repú¬blica): una república bien mezclada –nos dice ARISTÓTELES en La Política– debe parecer ser a la vez ambos regímenes y ninguno, y conservarse por sí misma y no por el exterior, y por sí misma no porque sean mayoría los que quieren este régimen (pues esa condi¬ción podría darse en un régimen malo), sino por no querer otro ré¬gimen ninguna de las partes de la ciudad en absoluto.
Esta solución viene a ser una democracia de clases medias, pues la clase media, en cualquier sociedad, suele comportarse co¬mo factor estabilizador, garantizando paz: la ciudad debe estar constituida de elementos iguales y semejantes en el mayor grado posible, y esta condición se da especialmente en la clase media, de modo que una ciudad así será necesariamente la mejor gobernada.
A pesar de la preferencia de ARISTÓTELES por ese tipo de régi¬men, se muestra partidario de un "posibilismo político" que le lle¬va a afirmar que el gobierno más conveniente es el que mejor se adapta a las características naturales de cada pueblo.
Extraído de “Phronésis, Vicen Vives”
martes, 29 de septiembre de 2009
Filosofía medieval. San Agustín
San Agustin de gran pecador a Doctor de la Iglesia (Parte 1)
Parte 2:
http://www.youtube.com/watch?v=8TYV7yCMKLA&feature=related
Parte 3:
http://www.youtube.com/watch?v=IvGllNOx8pE&feature=related
Parte 4:
http://www.youtube.com/watch?v=B9QTQx1Yy-0&feature=related
martes, 17 de junio de 2008
LOS SOFISTAS
Los sofistas
El término sofistas viene del griego “sofos”, que significa sabio. Los griegos lo utilizaban para designar a aquel que destacaba en cualquier saber, sea teórico o práctico. Pero a finales del siglo V a.C. tuvo un sentido más específico: eran aquellos “maestros del saber” que se dedicaban a enseñar a otros cobrando por ello, como quien ejerce cualquier otro tipo de trabajo.
Los sofistas no constituyen una única escuela, sino mapas bien un movimiento integrado por numerosos individuos que, entre muchas ideas contradictorias, comparten alnos convencimientos comunes, en especial los que siguen:
- Criticismo frente a las instituciones, a las que acusan de fundarse en convencionalismos y falsas leyes naturales.
- Relativismo ante la verdad.
- Escepticismo respecto a la capacidad de la razón de conocer.
- Confianza en el valor de la retórica y la educación.
Se les suele agrupar en dos periodos: primera sofística y segunda sofística. La primera sofística tiene una crítica menos radical y mas constructiva. Los de la segunda acentúan la contraposición entre la naturaleza y las convenciones sociales, y su crítica se hace más amarga.Entre los sofistas principales tenemos:
En la primera sofística: Protágoras de Abdera (“El hombre es la mediad de todas las cosas”); Gorgias de Leontini (“Nada es conocido”); Pródico de Julis (“Se toma por divino lo provechoso para los hombres”).
En la segunda sofística: Trasímaco de Calcedón (“La justicia es lo provechoso para el fuerte”); Calícles (Enuncia la teoría del derecho natural del más fuerte); Critias (“Los dioses con una invención para atemorizar a los hombres”); Antifón de Atenas (“Se puede traspasar la ley sin nadie lo advierte”).
Características de los sofistas
Convencionalismo frente a la naturaleza
Según lo sofistas, muchas de las normas que venían siendo aceptadas como basadas en la ley natural, no son más que acuerdos entre los hombres, es decir, pura y simple convención. Esta es ciertamente una crítica a los dirigentes de las ciudades, pero esta idea también les sirve a los sofistas para plantear la base de su relativismo: no hay norma ni ley válida para todos, sino tan solo acuerdos y convenciones.
Sobre este tema, la opinión de la primera sofística es distinta que la opinión de la segunda sofística, mucho más radical.
La primera sofística, con su crítica, intenta tan solo fundamentar racionalmente las leyes, los dioses y los valores. Es decir, plantean que muchas de estas cosas no parten de la naturaleza inmutable de las cosas, sino que son simple convención, por lo cual no deberían ser aceptadas “ciegamente”. Estos sofistas proponen que estas normas necesitan ser primero comprobadas por la razón para luego ser aceptadas. Esta es la postura, por ejemplo, de Protágoras de Abdera.
La segunda sofística tiene una postura mucho más radical, la que se expresa del modo más claro en Calícles. Este sofista no solo niega que sea la naturaleza la que confirma y basa las leyes de la ciudad, sino que afirma que la ley es la máxima injusticia contra la naturaleza, ya que la naturaleza no tiene otra ley que la ley del más fuerte. Según Calícles lo único que pretende la ley es someter los más fuertes, astutos y hábiles bajo el dominio de los débiles. Porque la ley igual a los hombres, pero la naturaleza oos hace desiguales, y esto es lo que debe prevalecer: la justicia es el dominio del más fuerte, según lo que el más fuerte considere como bueno.
Es obvio que este planteamiento manifiesta la máxima decadencia a la que llega la sofística, ya que en la práctica termina defendiendo la acción de los tiranos y dictadores, quienes por ser más fuertes tendrían el derecho de – “en justicia” –, hacer lo que quieran, incluso lo que parece injusto.
Relativismo
Al poner en duda la existencia de leyes naturales con valor fijo y universal los sofistas caen inevitablemente en el relativismo (actitud según la cual no existen verdades absolutas, sino que toda verdad es relativa al sujeto y a las circunstancias).
Afirman los sofistas que la verdad no es absoluta, sino que es relativa al sujeto que la conoce o que la afirma. Es justamente según ello que Protágoras de Abdera, uno de los más importantes sofistas, afirma en su célebre frase que “El hombre es la medida de todas las cosas”. Es decir, toda la realidad es relativa al hombre; la verdad será tal si el hombre considera que lo es, y mientras lo considere.
Si la naturaleza no sirve como un parámetro para establecer las normas y los valores fijos, solo queda la conveniencia y el acuerdo para justificar las leyes.
De la misma manera, si no existen saberes universales, se hace necesaria la búsqueda de un saber práctico que sirva al ciudadano para regular su vida ordinaria. Es por ello que los sofistas no se preocupan de “elucubraciones sobre el origen de las cosas” o de la búsqueda de “verdades universales”, sino tan solo de establecer qué cosa es útil para el hombre. La sabiduría, por lo tanto, estará a servicio de la utilidad, y ya no de la verdad. Según ellos, la auténtica sabiduría está en tener opiniones mejores y remedios más eficaces y útiles.
Un buen médico, por ejemplo, es el que sabe lo suficiente para hacer que el enfermo experimente un mejor estado de salud. Del mismo modo, un buen político, sería aquel que sabe convencer mejor a los ciudadanos para que hagan aquello que sea lo mejor para la ciudad.
El primero ejemplo, que es muy práctico, parece claro: es obvio que el mejor médico será aquel que ayude a que el enfermo tenga salud. ¿Y porqué es tan claro y sencillo? Porque es obvio para todos qué cosa es la salud, y qué cosa debe buscar el médico. En el segundo ejemplo, sin embargo, se nota como la proposición de los sofistas puede volverse muy problemática, porque no necesariamente lo que tal político piense que es lo mejor para la ciudad lo es realmente. A modo de ejemplo, un político podría proponer que “lo mejor para la ciudad” es exterminar a todas las personas enfermas de gripe para acabar con una epidemia. A los sofistas no interesaría si ello se funda en la verdad o no, si corresponde a la realidad de la dignidad de las personas o no, sino tan sólo la capacidad del político para convencer la población de dicha ley y aplicarla con eficacia. Es más, los sofistas ofrecían enseñar a los políticos – y a cualquier ciudadano con condiciones para pagarles – el arte de la retórica, para que sean convincentes al defender lo que creen adecuado, sin interesar la verdad. Como se ha dicho: el saber está al servicio de la utilidad.
Escepticismo
El pensamiento sofista llega aún más lejos, y partiendo de la relativización de la verdad (relativismo), llega al escepticismo: actitud de desconfiar de la existencia misma de la verdad o al menos de la capacidad del hombre para conocerla.
Gorgias de Leontini es el sofista que mejor representa esta actitud de escepticismo, formulando tres célebres tesis:
- No existe realidad alguna.
- Si algo existiera, no lo conoceríamos.
- Aún en el caso de que pudiéramos conocer algo no podríamos comunicarlo a los demás.
El relativismo de Protágoras que afirmaba la verdad de cualquier opinión, se convierte en Gorgias en el negativo escepticismo de declarar que todas las opiniones son falsas.
lunes, 16 de junio de 2008
SÓCRATES
Biografía
Nació en Atenas, donde vivió los dos últimos tercios del siglo V a.C, la época más espléndida en la historia de su ciudad natal, y de toda la antigua Grecia. Fue un filósofo griego, hijo de Sofronisco – por esto en su juventud se le llamaba "Sōkrátis iōs Sofroniskos" (Sócrates hijo de Sofronisco) –, de profesión cantero, y de Fainarate, comadrona. Emparentados con Arístides el Justo.
Cuando Sócrates nació, su padre recibió del oráculo el consejo de dejar crecer a su hijo a su aire, sin reprimirle sus impulsos.
Desde muy joven llamó la atención de los que lo rodeaban por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad de palabra, además de la fina ironía con la que salpicaba sus tertulias con los ciudadanos jóvenes aristocráticos de Atenas, a los que les preguntaba sobre su confianza en opiniones populares, aunque muy a menudo él no les ofrecía ninguna enseñanza.
Su inconformismo lo impulsó a oponerse a la ignorancia popular y al conocimiento de los que se decían sabios. Él no se consideraba a sí mismo sabio, aun cuando uno de sus mejores amigos, Querefonte, le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, y la Pitonisa le contestó que no había ningún griego más sabio que Sócrates (Apología 21a). Comenzó así su búsqueda, preguntando y conversando con aquellas personas a quienes la gente consideraba sabia, pero se dio cuenta de que en realidad creían saber más de lo que realmente sabían, filósofos, poetas, y artistas, todos creían tener un gran conocimiento, pero Sócrates era consciente de la ignorancia que lo rodeaba y de su propia ignorancia, este conocimiento lo llevó a tratar de hacer pensar a la gente y hacerles ver el conocimiento real que tenían sobre lo que los rodeaba. Fingiendo saber menos conversaba con la gente y luego les hacía notar sus errores, a esto se le denominó la «ironía socrática», que queda expresada con su célebre frase «Sólo sé que no sé nada». Su más grande mérito fue crear la mayéutica, método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban, por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento. El conocimiento y el autodominio habrían de permitir restaurar la relación entre el ser humano y la naturaleza, era lo que pensaba.
Murió a los 70 años de edad, en el año 399 a. C. aceptando serenamente la condena e ingiriendo la cicuta, como método elegido de entre los que el tribunal, que lo juzgó, le ofrecía para morir, por no reconocer a los dioses atenienses y por, según ellos, corromper a la juventud. Según relata Platón en la apología que dejó de su maestro, éste pudo haber eludido la condena, gracias a los amigos que aún conservaba, pero prefirió acatarla y morir. Realmente lo juzgaron porque dos de sus discípulos fueron tiranos que atentaron contra Atenas. A su muerte surgen las escuelas socráticas,
La sabiduría de Sócrates no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino el poder afirmar, con plena conciencia, "sólo sé que no sé nada".
Esto lo hace una de las figuras más extraordinarias y decisivas de toda la historia, representa la reacción contra el relativismo y subjetivismo sofísticos, siendo un singular ejemplo de unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción. Fue a la vez capaz de llevar tal unidad al plano del conocimiento, al sostener que la virtud es conocimiento y el vicio ignorancia.
El poder de su oratoria y la facultad de expresarse públicamente eran su fuerte para así poder conseguir la atención de las personas.
Sócrates y los sofistas
Sócrates compartía con los sofistas de la primera época su preocupación por el hombre y sus problemas, desestimando como carentes de importancia las preocupaciones de los anteriores filósofos, los físicos (o presocráticos) . También junto con los sofistas de la primera época creía en la bondad natural del hombre, en la confiabilidad de la razón y en la necesidad de fundamentar la política en bases racionales (recordemos que los sofistas criticaban a los gobernantes por imponer leyes que no se basaban en la razón, sino que eran mero convencionalismo).
Sócrates comienza a discrepar con los sofistas, en primer lugar, por su negativa a cobrar por su enseñanza:
“Tampoco dialogo cuando recibo dinero y dejo de dialogar si no lo recibo, antes bien me ofrezco, para que me pregunten, tanto al rico como al pobre, y lo mismo si alguien prefiere responder y escuchar mis preguntas. Si alguno de éstos es luego un hombre honrado o no lo es, no podría yo, en justicia, incurrir en culpa; a ninguno de ellos les ofrecí nunca enseñanza alguna ni les instruí”. (Platón, Apología, 33b)
Además, a Sócrates le preocupa el bien último del hombre, su felicidad. Para ello afirma que la sabiduría debe llevar a ella. La sabiduría no sirve para disputar opiniones o dirigir la vida pública, sino que, según él, solo interesa al hombre sabio conocer lo bueno y lo malo, la justicia y la virtud. Por al fin y al cabo, estas son las cosas que pueden llevarlo a la felicidad.
Nadie vio nunca ni oyó a Sócrates hacer o decir nada impío o ilícito. Tampoco hablaba, como la mayoría de los demás oradores, sobre la naturaleza del universo , examinando en qué consiste lo que los sofistas llaman kósmos y por qué leyes necesarias se rige cada uno de los fenómenos celestes, sino que presentaba como necios a quienes se preocupan de tales cuestiones. (…) En cuanto a los que cavilan sobre la naturaleza del universo, unos creen que el ser es uno solo, otros que es infinito en número , unos piensan que todo se mueve , otros que nada se mueve nunca , unos que todo nace y perece, otros que nada nace ni va a perecer. (…) En cambio, él siempre conversaba sobre temas humanos, examinando qué es piadoso, qué es impío, qué es bello, qué es justo, qué es injusto, qué es la sensatez, qué cosa es locura, qué es valor, qué cobardía, qué es ciudad, qué es hombre de Estado, qué es gobierno de hombres y qué un gobernante, y sobre cosas de este tipo, considerando hombres de bien a quienes las conocían, mientras que a los ignorantes creía que con razón se les debía llamar esclavos. (Jenofonte, Recuerdos Socráticos).
Se entiende entonces porqué la principal preocupación para Sócrates es la Ética (ἤθος, ēthos: costumbre, hábito). Es decir, qué tiene que hacer el hombre para alcanzar la felicidad. Y ante este problema, Sócrates respondía que para ser feliz el hombre debe tener “virtud”, es decir, ser virtuoso.
Ahora bien: ¿qué es la virtud? ¿es posible definirla? Sócrates creía que sí, y en ello se separaba definitivamente de los sofistas.
Como sabemos los sofistas imponen un profundo relativismo intelectual y moral. Tal relativismo hacía imposible la tarea de definir cualquier cosa con un concepto universal. Es por ello que Sócrates rompe con tales filósofos.
Si la ética debe buscar lo que es bueno, lo primero que se ha de hacer es definir “qué cosa es” lo bueno. Si decimos de un acto que es "bueno" será porque tenemos alguna noción de "lo que es" bueno; si no tuviéramos esa noción, ni siquiera podríamos decir qué es bueno para nosotros pues, ¿cómo lo sabríamos? Lo mismo ocurre en el caso de la virtud, de la justicia o de cualquier otro concepto moral. Para el relativismo estos conceptos no son susceptibles de una definición universal: son el resultado de una convención, lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no serlo en otra. Sócrates, por el contrario, está convencido de que lo justo ha de ser lo mismo en todas las ciudades, y que su definición ha de valer universalmente. La búsqueda de la definición universal se presenta, pues, como la solución del problema moral y la superación del relativismo.
Y para definir lo que la cosa es, Sócrates propone que la razón debe aplicarse a descubrir su esencia. Ahora bien, como ya dijimos, de entre todas las cosas que se pueden definirse buscando su esencia, las que más interesan al hombre son las que pueden hacerlo bueno, justo, virtuoso y finalmente, feliz. Para ello, se ha definir todos estos términos: bondad, justicia, virtud, etc.
EL INTELECTUALISMO MORAL
Conseguir definir los conceptos morales es para Sócrates la condición indispensable para restablecer la comunicación y hacer posible el diálogo y el acuerdo.
Pero existe otra razón más de esta necesidad: hacer posible la conducta y la educación moral del hombre. Solamente sabiendo qué es lo justo se puede obrar justamente. Según Sócrates, el conocimiento de la virtud es lo que permite al hombre llevarla a la práctica en la vida social, mientras que su ignorancia le impide obrar conforme a ella. Este punto de vista se denomina Intelectualismo moral y podríamos definirlo como aquella teoría filosófica moral la cual el saber y la virtud coinciden.
Según esto, la virtud puede y debe ser enseñada. Mas aún, siendo el fin de la filosofía la educación moral del hombre, deberíamos tener un conocimiento tan depurado y precioso de las virtudes y de la conducta que debe de adoptar el hombre que pudiéramos enseñarlo como se enseña las matemáticas. De esta manera, nadie se comportaría mal, ya que “nadie yerra el golpe queriendo”, como él afirma.
Según Sócrates y su intelectualismo moral, una mala conducta moral es, en todos los casos, un error de conocimiento, fruto de la ignorancia. No concibe lo que luego Aristóteles llamaría acrasia, “conocer el bien y hacer, sin embargo, el mal”. Para Sócrates obrar el mal es siempre involuntario. Esta información Socrática choca, a primera vista, con nuestra experiencia; sin embargo, se hace más comprensible si la situamos en el contexto de Sócrates.
Parece entender Sócrates que existe en nosotros un deseo tan arraigado del bien y de la felicidad que uno, cuando obra mal, al menos durante un tiempo tiene que “engañarse”, en el sentido de considerar que aquello es bueno, que le trae un bien. Por tanto, si obra así, es por que hay una falsa estimación del bien, porque considera como bueno lo que no es tal.
Si alguien – por ejemplo un tirano – no respeta personas ni propiedades, desconoce que esos bines del cuerpo proporcionan un bien estar infinitamente inferior que aquellos que dan la felicidad al alma. La culpabilidad que al obrar así contrae el alma acarrea más infelicidad que el placer del poder o de la riqueza, porque, tal como dice Sócrates en le diálogo platónico Gorgias, “es peor mal cometer una injusticia que soportarla”. En conclusión, quien obra mal comete “un error de cálculo”: buscando la felicidad no hace más que dar pasos hacia la infelicidad.
Saber y virtud coinciden
Sócrates fundamenta su teoría en la observación de lo que ocurre con el saber artesanal. Se sitúa en una perspectiva del saber práctico y en la sobre generalización de ello está el origen de su error, pues de ahí toma sus ejemplos explicativos. Así –dice- un mal médico es tal por falta de conocimientos; si no cura al enfermo es porque no sabe. Un buen artesano es aquel que domina su oficio y, por lo tanto, hace las cosas bien. Decimos entonces que conoce bien. Que domina su oficio.
Traslademos esto al campo moral y cívico: el arte del ciudadano, el oficio que debe conocer y dominar es el de la virtud; así, según el intelectualismo moral si el ciudadano conoce la virtud, la practicará, será un buen ciudadano y así la sociedad será justa y bien gobernada.
EL MÉTODO SOCRÁTICO
A Sócrates le gustaba afirmar que había heredado el oficio de su madre. Este oficio lo ejercía él ayudando a que los hombres “dieran a luz”. Esto encierra tanto una determinada manera de entender el saber como la función de la enseñanza y el camino o medio para acceder a la verdad de las cosas. Esta no es enseñable si por enseñar se entiende imponer modelos o normas a otros. La verdad la lleva cada uno en sí mismo y tiene que descubrirla; desde fuera solo cabe que alguien ayude a otro descubrir en si mismo la verdad de que es portador. Es decir, que haga de “comadrona” (partera) mediante “la mayéutica”·
Es interesante notar, a modo de paréntesis, que Sócrates no llega a explicar, sin embargo, cómo las verdades – que cree universales y objetivas – están “dentro de cada uno”. Eso lo tratará de explicar Platón más tarde, con la teoría de la reminiscencia.
La mayéutica como método socrático está compuesta de dos momentos o partes: negativa y demoledora la primera, constructiva y positiva la segunda.
Según Sócrates, la ignorancia es el peor mal que un hombre pueda padecer y por eso es preciso querer salir de ella. Pero esto solo se logra si es consciente de esa ignorancia. En esto consiste el primer método. Poner el interlocutor en el aprieto de tener que conocer su ignorancia y, así disponerlo a buscar la cosa que ignora y aceptar la ayuda que se le ofrece.
En lo diálogos platónicos aparece Sócrates poniendo en apuros a sus interlocutores, en especial a aquellos que mas seguros estaban de lo que creían saber. Mediante hábiles preguntas intenta convencerles de que tienen opiniones y aceptan afirmaciones que, al someterlas en un examen detenido, en realidad llevan a la contradicción y a un callejón sin salida. Esta es la parte negativa del método, que Sócrates llama erística. Es aquí donde Sócrates hace gala de una fina ironía que, con frecuencia, exaspera a su interlocutor y siempre lo confunde.
Una vez que el interlocutor reconoce su limitación y acepta la ayuda, la investigación prosigue mediante la aplicación constante del razonamiento expresado en el diálogo. El diálogo bien llevado desemboca en el descubrimiento de la definición acertada de lo que se busca.
El resultado de la mayéutica: la definición
La discusión irá poniendo de manifiesto la relatividad y parcialidad de las opiniones particulares y la necesidad de buscar aquello en lo que todos coinciden. Esta parte del proceso, que es la parte propiamente mayéutica, conduce a la definición. Con ello se supera el relativismo de las opiniones.
Sócrates, sin embargo, admitía él derecho de cada uno a opinar y actuar conforme a sus normas morales. Pero entendía que esta posición quedaba descalificada desde el momento en que no era capaz de hacer ver a los demás que estaban equivocados. Esta es, sin duda, la razón por la que, a pesar de considerar injusta su condena, no dudo en aceptar el veredicto de las leyes que lo condenaban.
viernes, 23 de mayo de 2008
Control de Lectura: La Apología de Sócrates
La lectura es para el día 18 de junio. Se tomará un control de lectura. Pueden encontrar el file en la siguiente página Web:
O pueden bajarlo en el link que está a la derecha (Files para bajar).
Responde a las preguntas que siguen en tu cuaderno. Esta tarea debe ser entregada antes del examen, y es condición para darlo.
- ¿Quién es Sócrates y porqué fue acusado?
- ¿Cuáles son las antiguas acusaciones contra Sócrates y cómo responde a cada una?
- ¿Cuáles son las acusaciones recientes las que Sócrates se enfrenta?
- ¿Cuál es la misión que ha sido encomendada a Sócrates? ¿Quién se la encomendó?
- ¿Por qué considera Sócrates que un hombre justo no es realmente perjudicado por la maldad?
- ¿Por qué Sócrates prefiere la muerte a vivir sin verdad?
- ¿Qué significa la muerte para Sócrates?
- ¿Qué parecido se puede encontrar entre la sociedad actual y la situación vivida por Sócrates?
- ¿Qué es lo que más admiras en Sócrates?