viernes, 23 de mayo de 2008

Control de Lectura: La Apología de Sócrates

La lectura es para el día 18 de junio. Se tomará un control de lectura. Pueden encontrar el file en la siguiente página Web:

http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUniversal/Platon/Apologia.asp

O pueden bajarlo en el link que está a la derecha (Files para bajar).

Responde a las preguntas que siguen en tu cuaderno. Esta tarea debe ser entregada antes del examen, y es condición para darlo.

  1. ¿Quién es Sócrates y porqué fue acusado?
  2. ¿Cuáles son las antiguas acusaciones contra Sócrates y cómo responde a cada una?
  3. ¿Cuáles son las acusaciones recientes las que Sócrates se enfrenta?
  4. ¿Cuál es la misión que ha sido encomendada a Sócrates? ¿Quién se la encomendó?
  5. ¿Por qué considera Sócrates que un hombre justo no es realmente perjudicado por la maldad?
  6. ¿Por qué Sócrates prefiere la muerte a vivir sin verdad?
  7. ¿Qué significa la muerte para Sócrates?
  8. ¿Qué parecido se puede encontrar entre la sociedad actual y la situación vivida por Sócrates?
  9. ¿Qué es lo que más admiras en Sócrates?

jueves, 24 de abril de 2008

Temas de Filosofía (para el examen)

Del Mito al Logos

«El mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo fabuloso de los comienzos. Es algo así como el relato de una "creación": se narra cómo algo ha sido producido gracias a las hazañas de los seres sobrenaturales. Sirven para revelar los modelos ejemplares de todos los ritos y actividades humanas significativas. Al revivir los mitos religiosamente revelan una verdad o hecho real: que el Mundo, el Hombre y la Vida tienen un origen y una historia sobrenaturales y que esa historia es significativa y ejemplar». (Mircea Eliade, Mito y Realidad).

Los mitos son relatos fantásticos comunes a toda sociedad que explican aspectos de las naturaleza y de la vida. Suelen ser anónimos y tener múltiples versiones. Para que cumplan su función y puedan ser llamados “mito”, debe estar ampliamente difundidos en una sociedad e impregnados en el imaginario colectivo.

Preguntas cómo: ¿Cómo surgió el universo?, ¿Cómo surgió tal costumbre?, ¿Qué hay tras la muerte?, ¿Quiénes inventaron algo como las armas?, ¿Quiénes inventaron la agricultura?, ¿Porqué existe el mal o el dolor?, tuvieron siempre una respuesta mítica.

Hacia los siglos VII y VI a.C. en Grecia, algunos hombres trataron de explicar la realidad sin recurrir a tales relatos míticos. Este modo de explicar la realidad se llamó “Logos”, que significa “razón”.

La diferencia más básica entre la explicación basada en el mito y aquella basada en el logos es que la primera es intuitiva, no discursiva, por medios de uno o varios relatos, mientras que la segunda es discursiva, presentada a través de argumentos que se concatenan en una secuencia coherente.

Al principio esta forma de explicación llamada “logos” fue tosca, pero poco a poco se fue perfeccionando.

Uno de los primeros pasos hacia la explicación racional, es decir, hacia al “logos”, fue dado por el poeta griego Hesíodo, quien en su obra “Teogonía” narra el mito del “Ordenamiento de mundo”. Pero no lo hace como un mero relato fantástico, sino que lo presenta como un proceso natural que, partiendo de 3 principios originarios: Caos, Gea y Eros, da origen a todo lo demás a través de nacimientos sucesivos.

«En primer lugar existió el Caos. Después Gea, la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro, el infierno. Por último, Eros, el amor, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.

Del Caos surgieron Erebo, lugar de tinieblas bajo el suelo, y la negra Noche. De la Noche a se vez nacieron el Éter, lugar de donde sale la luz en la bóveda celeste, y el Día, a los que alumbró preñada en contacto amoroso con Érebo. Gea alumbró primero al estrellado Urano, el cielo, con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio». (Hesíodo, Teogonía)


Los Presocráticos

«La filosofía no nació en calmo retiro, sino en Mileto, el mercado antiguo en que los pueblos del Mediterráneo procedían al cambio de sus mercancías; los más antiguos pensadores no fueron ascetas alejados del mundo, sino hombres distinguidos, curiosos y abiertos al mundo, políticos en parte ». (W. Nestle, Historia del espíritu griego).

La génesis de la naturaleza: la Arjé

Para el pensamiento griego la idea de “creación” era inconcebible. Para ellos, es siempre necesaria la existencia de un principio fundamentalmente material originario a partir de lo cual aparecen o se generan las demás cosas que forman el mundo. Este principio de llama “Arjé

Así, los primeros pensadores griegos explican las cosas a partir de algo que encuentran dentro de ellas y que las constituye internamente.

¿Y a qué “cosas” se refieren más exactamente? Lo que pretenden conocer y explicar, concretamente, es la “fisis”, es decir, la naturaleza, aquello que vemos alrededor nuestro.

Los presocráticos están convencidos de que la fisis está conformada por un arjé, sea este único o múltiple. Cada filósofo presocrático tendrá su teoría sobre cuál es la “arjé” que forma la naturaleza que observamos.

De este modo, para los presocráticos, desde el principio hay una dualidad: aquello que permanece igual, representado por la “arjé”, como sustrato de todo lo existente, y aquello que es formado y se muestra de múltiples formas, la “fisis”, es decir, la naturaleza..


Heráclito de Efeso

La frase que resume el pensamiento de Heráclito era Πάντα ε (Panta rei), es decir. “Todo cambia”.

Heráclito valora los sentidos (son buenos para conocer la realidad), pero estos no son suficientes. El verdadero y completo conocimiento se alcanza por la razón.

Heráclito razona de la siguiente forma, preguntándose: ¿Qué me dicen mis sentidos?

Y se responde: “Nadie entra a un mismo rió dos veces”. Esta frase quiere decir que nada es estable, todo cambia. Ya que si te metes al río a las 3:00 y sales y te metes después a las 3:04 ya cambió, ya que hay nueva agua donde entraste, es decir, ya pasó, ya ha cambiado. También nos dice que la Φυσις (fisis), es decir, la naturaleza, es una lucha de contrarios: ser=no ser, estar=no estar, padre=hijo, vivo=muerto (todo tiene un contrario; en un momento estás en un lugar y al segundo cambias de ese lugar entonces ya no estás ,hoy estas vivo al día siguiente mueres; todo cambia).

Ahora bien, luego de ello se pregunta Heráclito: ¿Qué es la naturaleza? ¿Que son todas las cosas? Responde que las cosas son solo un momento del conflicto (entre contrarios). La auténtica realidad esta en una sustancia básica llamada arjé, que en medio del conflicto se diferencia y termina formando toda la fisis; para Heráclito el fuego es el arjé que siempre está en movimiento. La fuerza interna del fuego (arjé) es el conflicto (guerra, etc.). Heráclito dice que el fuego forma todo ya que este está en constante movimiento. La fuerza del conflicto forma la naturaleza. Heráclito afirma que todos los seres son fuego.

Punto de vista: El error básico de Heráclito esta en no admitir como seres las cosas sensibles (Heráclito solo piensa que el ser es el ser).

DEMÓCRITO DE ABDERA

Nació más o menos a la muerte de Heráclito, y como él, creyó en que todo cambia, pero consideraba que debía haber algo estable. Demócrito busca algo estable que esté por debajo de todo.

Propone que el Arjé que constituye toda la realidad es la cantidad geométrica pura, algo que no posee sabor, color, etc; sino que solo tiene tres dimensiones: altura, profundidad, y largo. A esto llamó átomo (indivisible, no tiene partes). El imagina que debe ser así.

¿Cómo es que el átomo forma la naturaleza (fisis)?

La fisis está dividida entre lleno y vacío. El lleno esta conformado por átomos, los cuales son indivisibles, y están en movimiento constante. Los átomos son esencialmente iguales: se diferencian por la forma (A no es igual a N), por el orden (AN no es igual que NA) o por la situación (N no es igual a Z) Los átomos se combinan para formar todo lo que vemos gracias al movimiento y la casualidad. Demócrito identifica al lleno con el ser.

El vacío es lo que divide al lleno, lo que hay entre lleno y lleno. Se identifica con el no ser.

La fuerza del movimiento y la casualidad mueven el Arjé (átomo) y forman la fisis, cuando por el azar se chocan.

Demócrito funda el atomismo, que es considerar que toda la realidad está hecha de fragmentos que se juntan, pero únicamente de esto; y también el mecanicismo, que consiste en percibir la realidad como mera extensión (materia), casualidad y movimiento. El mecanismo es la base de la teoría evolucionista de Darwin.

El atomismo y mecanicismo están emparentados.

“Los principios de todas las cosas son los átomos y el vacío;

todas las cosas son objeto de opiniones.

Las cualidades existen solo por convención;

por naturaleza solo hay átomos y vacío.”

Demócrito,

Para Demócrito todo esto es solo una ilusión, son solo átomos la verdadera realidad.

jueves, 13 de marzo de 2008

¿Budismo?

Lee esta entrevista al Papa Juan Pablo II y escribe un comentario sobre ella. Tienes que tener un correo de gmail para ello. Si no puedes hacerlo, escribe el comentario en tu cuaderno. Debes entregar la tarea el martes.

Es necesario conocer primero el propio patrimonio espiritual, antes de aceptar con entusiasmo ciertas propuestas de las tradiciones religiosas orientales, por ejemplo, algunas técnicas y métodos de meditación.

PREGUNTA

Antes de pasar al monoteísmo, a las otras dos religiones (judaísmo e islamismo), que adoran a un Dios único, quisiera pedirle que se detuviera aún un poco en el budismo. Pues, como Usted bien sabe, es ésta una «doctrina salvífica» que parece fascinar cada vez más a muchos occidentales, sea como «alternativa» al cristianismo, sea como una especie de «complemento», al menos para ciertas técnicas ascéticas y místicas.


RESPUESTA

Sí, tiene usted razón, y le agradezco la pregunta. Entre las religiones que se indican en Nostra aetate, es necesario prestar una especial atención al budismo, que según un cierto punto de vista es, como el cristianismo, una religión de salvación. Sin embargo, hay que añadir de inmediato que la soteriología del budismo y la del cristianismo son, por así decirlo, contrarias.

En Occidente es bien conocida la figura del Dalai-Lama, cabeza espiritual de los tibetanos. También yo me he entrevistado con él algunas veces. Él presenta el budismo a los hombres de Occidente cristiano y suscita interés tanto por la espiritualidad budista como por sus métodos de oración. Tuve ocasión también de entrevistarme con el «patriarca» budista de Bangkok en Tailandia, y entre los monjes que lo rodeaban había algunas personas provenientes, por ejemplo, de los Estados Unidos. Hoy podemos comprobar que se está dando una cierta difusión del budismo en Occidente.


La soteriología del budismo constituye el punto central, más aún, el único de este sistema. Sin embargo, tanto la tradición budista como los métodos que se derivan de ella conocen casi exclusivamente una soteriología negativa.


La «iluminación» experimentada por Buda se reduce a la convicción de que el mundo es malo, de que es fuente de mal y de sufrimiento para el hombre. Para liberarse de este mal hay que liberarse del mundo; hay que romper los lazos que nos unen con la realidad externa, por lo tanto, los lazos existentes en nuestra misma constitución humana, en nuestra psique y en nuestro cuerpo. Cuanto más nos liberamos de tales ligámenes, más indiferentes nos hacemos a cuanto es el mundo, y más nos liberamos del sufrimiento, es decir, del mal que proviene del mundo.


¿Nos acercamos a Dios de este modo? En la «iluminación» transmitida por Buda no se habla de eso. El budismo es en gran medida un sistema ..ateo». No nos liberamos del mal a través del bien, que proviene de Dios; nos liberamos solamente mediante el desapego del mundo, que es malo. La plenitud de tal desapego no es la unión con Dios, sino el llamado nirvana, o sea, un estado de perfecta indiferencia respecto al mundo. Salvarse quiere decir, antes que nada, liberarse del mal haciéndose indiferente al mundo, que es fuente de mal. En eso culmina el proceso espiritual.


A veces se ha intentado establecer a este propósito una conexión con los místicos cristianos, sea con los del norte de Europa (Eckart, Taulero, Suso, Ruysbroeck), sea con los posteriores del área española (santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz). Pero cuando san Juan de la Cruz, en su Subida del Monte Carmelo y en la Noche oscura, habla de la necesidad de purificación, de desprendimiento del mundo de los sentidos, no concibe un desprendimiento como fin en sí mismo: «[...] Para venir a lo que no gustas, / has de ir por donde no gustas. / Para venir a lo que no sabes, / has de ir por donde no sabes. / Para venir a lo que no posees, / has de ir por donde no posees. [...]» (Subida del Monte Carmelo, I,13,11). Estos textos clásicos de san Juan de la Cruz se interpretan a veces en el este asiático como una confirmación de los métodos ascéticos propios de Oriente. Pero el doctor de la Iglesia no propone solamente el desprendimiento del mundo. Propone el desprendimiento del mundo para unirse a lo que está fuera del mundo, y no se trata del nirvana, sino de un Dios personal. La unión con Él no se realiza solamente en la vía de la purificación, sino mediante el amor.


La mística carmelita se inicia en el punto en que acaban las reJlexiones de Buda y sus indicaciones para la vida espiritual. En la purificación activa y pasiva del alma humana, en aquellas específicas noches de los sentidos y del espiritu, san Juan de la Cruz ve en primer lugar la preparación necesaria para que el alma humana pueda ser penetrada por la llama de amor viva. Y éste es también el título de su principal obra: Llama de amor viva.

Así pues, a pesar de los aspectos convergentes, hay una esencial divergencia. La mzstica cristiana de cualquier tiempo -desde la época de los Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente, pasando por los grandes teólogos de la escolástica, como santo Tomás de Aquino, y los místicos noreuropeos, hasta los carmelitas- no nace de una «iluminación» puramente negativa, que hace al hombre consciente de que el mal está en el apego al mundo por medio de los sentidos, el intelecto y el espíritu, sino por la Revelación del Dios vivo. Este Dios se abre a la unión con el hombre, y hace surgir en el hombre la capacidad de unirse a Él, especialmente por medio de las virtudes teologales: la fe, la esperanza y sobre todo el amor.

La mística cristiana de todos los siglos hasta nuestro tiempo -y también la mística de maravillosos hombres de acción como Vicente de Paul, Juan Bosco, Maximiliano Kolbe- ha edificado y constantemente edifica el cristianismo en lo que tiene de más esencial. Edifica también la Iglesia como comunidad de fe, esperanza y caridad. Edifica la civilización, en particular, la «civilización occidental», marcada por una positiva referencia al mundo y desarrollada gracias a los resultados de la ciencia y de la técnica, dos ramas del saber enraizadas tanto en la tradición filosófica de la antigua Grecia como en la Revelación judeocristiana. La verdad sobre Dios Creador del mundo y sobre Cristo su Redentor es una poderosa fuerza que inspira un comportamiento positivo hacia la creación, y un constante impulso a comprometerse en su transformación y en su perfeccionamiento.


El Concilio Vaticano II ha confirmado ampliamente esta verdad: abandonarse a una actitud negativa hacia el mundo, con la convicción de que para el hombre el mundo es sólo fuente de sufrimiento y de que por eso nos debemos distanciar de él, no es negativa solamente porque sea unilateral, sino también porque fundamentalmente es contraria al desarrollo del hombre y al desarrollo del mundo, que el Creador ha dado y confiado al hombre como tarea.


Leemos en la Gaudium et Spes: «El mundo que [el Concilio] tiene presente es el de los hombres, o sea, el de la entera familia humana en el conjunto de todas las realidades entre las que vive; el mundo, que es teatro de la historia del género humano, y lleva las señales de sus esfuerzos, de sus fracasos y victorias; el mundo que los cristianos creen que ha sido creado y conservado en la existencia por el amor del Creador, mundo ciertamente sometido bajo la esclavitud del pecado pero, por Cristo crucificado y resucitado, con la derrota del Maligno, liberado y destinado, según el propósito divino, a transformarse y a alcanzar su cumplimiento» (n. 2).


Estas palabras nos muestran que entre las religiones del Extremo Oriente, en particular el budismo, y el cristianismo hay una diferencia esencial en el modo de entender el mundo. El mundo es para el cristiano criatura de Dios, no hay necesidad por tanto de realizar un desprendimiento tan absoluto para encontrarse a sí mismo en lo profundo de su íntimo misterio. Para el cristianismo no tiene sentido hablar del mundo como de un mal «radical», ya que al comienzo de su camino se encuentra el Dios Creador que ama la propia criatura, un Dios «que ha entregado a su Hijo unigénito, para que quien crea en Él no muera, sino que tenga la vida eterna» (Juan 3,16).

No está por eso fuera de lugar alertar a aquellos cristianos que con entusiasmo se abren a ciertas propuestas provenientes de las tradiciones religiosas del Extremo Oriente en materia, por ejemplo, de técnicas y métodos de meditación y de ascesis. En algunos ambientes se han convertido en una especie de moda que se acepta de manera más bien acrítica. Es necesario conocer primero el propio patrimonio espiritual y reflexionar sobre si es justo arrinconarlo tranquilamente. Es obligado hacer aquí referencia al importante aunque breve documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe «sobre algunos aspectos de la meditación cristiana» (15.X.1989). En él se responde precisamente a la cuestión de «si y cómo» la oración cristiana «puede ser enriquecida con los métodos de meditación nacidos en el contexto de religiones y culturas distintas» (n. 3).

Cuestión aparte es el renacimiento de las antiguas ideas gnósticas en la forma de la llamada New Age. No debemos engañarnos pensando que ese movimiento pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba por tergiversar Su Palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas. La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano.